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EL IMPACTO DE LA NIñA REGION POR REGION

Publicado : 13-02-2012

En Coquimbo han tenido que ayudar con forraje a productores caprinos.


Mientras el extremo norte se complica por la lluvia altiplánica impulsada por La Niña, en el Norte Chico y el centro-sur buscan sobrevivir a la sequía. Uvas, pomáceas y kiwis, pero también el trigo, la ganadería y la leche, sufren por la falta del recurso y las altas temperaturas. Daños en calibre y en color son algunas de las consecuencias. Hasta US$ 500 millones podría perder el país sólo en la fruticultura. Según estimaciones de Fedefruta hay 1,2 millones de hectáreas cultivables en Chile, pero sólo 310 mil están plantadas. Y esa cifra no se podría ampliar sino se asegura el agua. 


Antonia Pérez Y Martina Salvo Al cierre de esta edición eran 90 las comunas declaradas en emergencia agrícola por sequía. Desde Coquimbo hasta el Maule, agricultores de uva, de paltos, apicultores y ganaderos, han visto como sus producciones e incluso sus campos desaparecen.

Sólo un par de ejemplos: en Valparaíso, invernaderos de flores y tomates en el sector de Laureles en la comuna de Limache, lucen sólo plantas secas. Y en Alicahue, en Cabildo, los troncos de paltos son un mero recuerdo de que alguna vez tuvieron hojas y frutos.

Es La Niña, fenómeno climático donde la temperatura del mar cae alterando los regímenes pluviométricos, disminuyéndolos en el centro del país y aumentando las lluvias en las zonas altiplánicas. Está en pleno apogeo, causando daños productivos y económicos.

Según cifras de Fedefruta, el impacto en la fruta podría significar una caída de entre US$ 300 y US$ 500 millones en exportaciones, respecto de los más de US$ 3.600 millones exportados el 2011.

Sectores como el vitivinícola, en especial para los pequeños agricultores que producen uva para viñas -porque las empresas grandes han tomado los reguardos en infraestructura-, pero también los semilleros, estarían en una situación complicada.

"Habrán menores rendimientos. Especies como la canola se van a ver afectadas al menos 20%; en porotos la merma sería de 10%, y el girasol y otras especies, depende de la zona. Eso debería repercutir en las ventas aunque aún no sabemos las cifras", dice Eduardo de la Sotta, director de la Asociación de Productores de Semillas.

Y las pérdidas amenazan afectar la producción de las siguientes temporadas.

"Por la escasez, los árboles están estresados por lo cual van a producir menos flores, lo que se traduce en menor producción. Habrá que ver el efecto", explica Antonio Walker, presidente de Fedefruta.

El impacto de La Niña tiene distintos comportamientos según el rubro y la región que se mire. Acá una radiografía a lo que está pasando a lo largo y ancho del territorio nacional.

Norte, lluvias destructivas

Mientras el Norte Chico y el centro-sur del país sufren por la falta de agua, en el norte, algunos agricultores saltan en una pata por las lluvias, aunque a otros el exceso está provocando pérdidas y daños.

Producto de la misma Niña, en la Región de Arica y Parinacota ha llovido por sobre un año normal, lo que ha favorecido al sector agrícola. Las precipitaciones en Visviri recargaron el río Lluta; las de Chungará han recargado los acuíferos de cotas inferiores; y las precipitaciones de Ticnamar han aumentado los caudales del río San José en Azapa, lo que ha permitido nutrir lagunas como la del Cotacotani, clave para el riego del valle.

"Creemos que va a haber agua y buenos precios. Aunque sea feo decirlo, cuando hay tragedias como sequía en otras regiones, implica menos cultivos en la zona central que nosotros podemos abastecer", dice Jorge Alache, seremi de Agricultura de la región.

Los principales cultivos de la Región son los tomates, el pimiento morrón, el maíz, los porotos verdes, el zapallo italiano, la cebolla y la aceituna. Buena parte de esos productos abastecerán la zona central. Eso sí la cuaja de los olivos se anticipa escasa.

La situación de la Región de Tarapacá no dista mucho de la de su vecino en términos de cantidad de agua, sin embargo, en esta zona la abundancia está provocando estragos.

"Hemos tenido inviernos altiplánicos con muchas precipitaciones en los últimos tres años. Este año se han registrado precipitaciones con mucha fuerza en el Valle de Camiña ocasionando grandes pérdidas en los sistemas productivos, porque la región no cuenta con infraestructura necesaria para embalsar", explica Moyra Rojas, seremi de Agricultura de la I Región.

En Tarapacá hay 1.800 agricultores, de los cuales cerca de 1.300 son usuarios Indap.

En la zona producen hortalizas como el ajo, cebolla, zanahoria, betarraga, choclo, melón, tomate, frutillas, pimentón y flores; y en el oasis, en las zonas de Pica-Matilla, especies de limón, naranja, tangelo, mango y guayaba. Además de los cultivos del altiplano como la quínoa, papa, habas y ajo.

Si bien las hortalizas son principalmente para el consumo local, mucho de los demás productos son enviados al resto del país y, en principio no tendrían problemas.

En Antofagasta, los informes de la DGA indican que las lluvias serían más agresivas este 2012 que en otros años. Sectores agrícolas como Río Grande ya han tenido que lidiar con daños en obras de riego por las lluvias, lo cual los obliga a invertir en reconstrucción.

"Estos dos últimos años han sido bastantes lluviosos por la presencia de La Niña, incluso tuvimos el año pasado áreas aluvionadas en las quebradas de Zapar y Jere, donde el Gobierno Regional traspasó recursos para cubrir estos daños", explica Ricardo Moyano, seremi de Agricultura (subrogante) de la región.

Pero las lluvias altiplánicas se concentran en un período muy corto. Por ello, en sectores como Calama rural y San Pedro de Atacama, los riegos se hacen en turnos de 18 o 20 días, lo que afecta los rendimientos.

"Por eso tenemos que apostar por especies que soporten eso como los ajos en Río Grande; o apostar por el riego tecnificado en invernaderos, como varios agricultores de Chiuchíu", explica José González, productor de choclo calameño.

Al igual que en Tarapacá, las producciones son orientadas al mercado local, aunque hay envíos a la zona central y, hasta ahora, no tendrían mayores problemas.



Norte chico en crisis

El tema se complica desde la III Región hacia el centro-sur, donde el agua es prácticamente un recuerdo.

En Atacama, los valles agrícolas de Copiapó y Huasco, la sequía los viene afectando desde hace ya rato. En Copiapó, el nivel de agua de los pozos y de acuíferos ha bajado de forma significativa, lo que afecta considerablemente pues cerca del 80% de la superficie agrícola se riega a través de acuíferos. Y los agricultores pequeños, que no tienen acceso a infraestructura de riego, son los más perjudicados.

La escasez ya afecta el acceso para el consumo humano. "Aunque el 2011 ha sido el menos malo en términos de precipitaciones de los últimos tres años, se observa una baja de los pozos por la sobreexplotación del recurso y el sobre- otorgamiento de derechos. La demanda excesiva en algunos sectores, como el cuatro del río Copiapó, ha puesto en riesgo incluso el abastecimiento de la población", explica María Angélica Osorio, seremi de Agricultura de Atacama.

Qué pasará con las producciones de la próxima temporada -hay que recordar que Copiapó es la zona de los primor- dependerá del clima.

"Hemos leído informes meteorológicos y se presume que La Niña va a seguir presentando problemas", explica Rafael Prohens, presidente de la asociación de productores y exportadores de Copiapó.

Menos crítica es la situación del valle de Huasco gracias a su embalse Santa Juana, que ha tenido menos agua, pero ha alcanzado para riego.

De todas formas hay problemas en la uva de mesa y pisquera, los paltos -que por el déficit de riego ya se anticipa de menor tamaño y con una disminución del rendimiento de la fruta, lo que impactaría a nivel comercial-; y los olivos, que sin agua, bajarían el volumen de cosecha.

En la Región de Coquimbo, la situación empeora. Las 15 comunas de la región están en emergencia agrícola.

"Tenemos déficit hídrico por séptimo año consecutivo, lo que implica un duro golpe, en especial a los productores de la agricultura familiar campesina del secano", dice Juan Francisco García, seremi de Agricultura de Coquimbo.

Si bien la región cuenta con sistemas de acumulación, la falta de lluvia no ha permitido que junten lo necesario. Así, por ejemplo el embalse Puclaro en el Elqui está a 30% de su capacidad, y La Paloma, el más grande de la región, con una capacidad de 750 millones de metros cúbicos de capacidad, está sólo al 24%.

"Esto implica que las Juntas de Vigilancia han tenido que disminuir la cuota de entrega del recurso hídrico salvando gran parte de los cultivos para esta temporada, como la uva de exportación, de la cual nuestra región hace envíos de más de 13 millones de cajas cada año", explica García.

Aún así, los cultivos ya han sentido el impacto. La uva de mesa y en especial la flame seedless comenzó con atraso y evidenció daños significativos en el color. Los olivos, principalmente destinados a aceite, no recibieron los volúmenes de agua que necesitan para la inducción floral lo que repercute en la producción.

Hoy hay agua como al 30% de la capacidad promedio de la región, por lo que hay algo de disponibilidad para la agricultura en el período 2011 y 2012, pero si no aumenta el agua embalsada, el problema se agudizaría, afectando volúmenes y calidad de los productos, lo que impactaría las exportaciones y los precios de venta, con consecuencias en el nivel de empleo que entrega el agro en la zona.

Además de la fruta, también están afectados los crianceros de caprinos del secano.

"Hemos tenido que apoyarlos con forraje e iniciativas de mejoramiento y profundización de pozos", explica Sergio Gahona, intendente de Coquimbo.

Centro, emergencia generalizada

En la Región de Valparaíso, paltas, cítricos, uvas y tomates en zonas de riego, y ganadería en el secano son parte de las actividades que se desarrollan. Pero desde el 2007, la continua falta de precipitaciones y la falta de capacidad de embalsamiento en invierno han desencadenado un problema de sequía estructural, principalmente en zonas donde no llegan los deshielos, como a las provincias de Petorca e Isla de Pascua; en el secano (Petorca, San Felipe y Los Andes); en el secano costero (Petorca, Valparaíso y San Antonio), y en áreas al final de los cauces (provincias de Quillota, Marga-Marga, Valparaíso y Petorca).

"En Petorca y La Ligua se ha visto muy afectado, se han cortado paltos e incluso se han abandonado campos. En Aconcagua ha sido, dentro de la gravedad, similar al año pasado, y en Hijuelas hay problemas que podrían tener que ver con escasez y contaminación de agua, que afectaría la población", confirma Francisco Vial, seremi de Agricultura de la región. De hecho, en la zona ya hay 36 comunas declaradas en emergencia agrícola, de las 38 de la región.

Aunque en 2011 hubo indicadores positivos como 15% más de nieve, la lluvia fue insuficiente para que los embalses se recuperaran.

"En los últimos diez años, en cuencas como la del Aconcagua ha crecido significativamente la superficie cultivable, y además, al haber más población, se necesita más agua potable; y las mineras han aumentado su proceso de extracciones. Lo que pasa hoy es comparable a otras sequías históricas, pero con una demanda mucho mayor", explica Santiago Matta, presidente de la asociación de agricultores de Quillota.

Una de las cuencas afectadas es la del río Aconcagua. La fórmula que usan en muchas cuencas del país es dividir los tramos del río por secciones, administradas por distintas juntas de regantes. Pero en el Río Aconcagua, la escasez del recurso ha implicado en el último tiempo incumplimientos sobre los volúmenes a liberar entre una sección y otra.

Y la mantención de La Niña, al menos este trimestre, impone riesgos para verano y otoño, de que disminuyan más aún los caudales de los ríos, los pozos, y que no se completen los ciclos productivos de frutales como paltos, cítricos, uva, y hortalizas como tomate, lechugas y zanahorias, propias de la región.

Las uvas ya han evidenciado distinta maduración, color y firmeza, según zona productiva, y los paltos están en una situación crítica por la caída de fruta cuajada (por falta de agua y altas temperaturas).

"En términos económicos, Quillota pierde entre 200 y 300 millones de dólares por cada año de sequía, por cortar paltos. Y la fruta que va a salir va a ser chica, estimo que van a bajar 1 o 2 calibres", dice Santiago Matta.

Otro tema que inquieta a las autoridades son los animales del secano que están actualmente pastoreando en la precordillera, pero que al regresar podrían encontrarse sin forraje.

El impacto llega incluso a Isla de Pascua donde los bovinos y equinos criados de forma extensiva están expuestos a estrés hídrico por sequías prolongadas.

En la Región Metropolitana, la situación también es crítica.

"Esta región ha tenido 50% menos de precipitaciones respecto de un año normal y casi la misma tasa de acumulación de nieve de la cordillera", explica el seremi de la RM, Patricio Fuenzalida.

Las escasas precipitaciones en la segunda mitad de la primavera repercutirían en los rendimientos, ya que provocan problemas de aborto floral y cuaja de frutos, en las distintas especies de la zona.

Entre los afectados están carozos, nogales, manzanos, uvas y hortalizas. Un sector que está sufriendo especialmente es el apícola, ya que por la escasa disponibilidad de agua, muchas flores se secaron y las abejas no pudieron recolectar néctar, lo cual hizo que bajaran considerablemente los volúmenes de miel, un producto que viene creciendo en la canasta exportadora.

Y está por verse el impacto que tendrá en el ganado, que al bajar de las veranadas podrían encontrarse escaso de forraje.

En esta región, las comunas más complicadas son San José de Maipo, Alhué, San Pedro y Tiltil. Otras comunas que no están con emergencia, pero que tienen problemas son: Melipilla, Curacaví, Lampa, Colina y Paine. Para la zona, ya se están encauzando recursos para alimentación de animales y profundización de pozos y norias, con fondos por 500 millones de pesos.

Centro-Sur, amenazas de dinamitar

En la Región de O'Higgins hay 22 comunas declaradas en emergencia agrícola. Las más complicadas están en el secano costero y parte del secano interior, donde comunas como Lolol, Marchihue y Chépica se encuentran entre las más críticas; pero también hay preocupación en zonas como Requínoa, Santa Cruz y Graneros.

En esta zona, La Niña ha provocado que los caudales de las principales sistemas de regadío se encuentren por debajo de los promedios históricos y se prevé que en lo que queda de verano puedan bajar aún más. Pero los bajos caudales no son el único problema. En Cachapoal, el tema del seccionamiento del río ha traído conflictos, ya que las distintas administraciones no siempre cumplen o llegan a acuerdo sobre el agua que deben dejar pasar río abajo.

"Hemos estado a punto de dinamitar las compuertas. Las autoridades tienen que intervenir ante la escasez. Hoy tenemos agua, pero mucho temor, y no sabemos qué va a pasar a lo largo del año", enfatiza Manuel Puga, director de Frusexta.

Cultivos propios de la región, como frutales de hoja caduca (entre los que se incluyen la uva para vinos), los predios de maíz, semilleros, tomate y hortalizas debieran tomar sus precauciones para intentar sufrir lo menos posible.

El consejo de los expertos para frutales de hoja caduca es realizar podas periódicas, para disminuir la evapotranspiración y mejorar el color. Para los demás, que estén en producción, se sugiere controlar el riego para dar a los cultivos lo que requieren sin perder agua.

También el ganado ovino y caprino -y algo de bovino que hay en la zona- estaría sufriendo no sólo por la escasez hídrica del momento. La calurosa primavera secó muchos pastos, lo cual afectó su calidad nutricional, por lo cual ya se están encauzando ayudas para repartir agua en estanques y fardos en abril. También la apicultura está sufriendo en esta región

"Hablé con un productor de Candelaria que tenía 80 colmenas la temporada pasada y cosechó cuatro tambores. Hoy tiene 110 colmenas y apenas cosechó dos tambores. Hay que aumentar su nutrición, darles azúcar para paliar el tema", explica Mauricio Donoso, seremi de Agricultura de la VI Región de O'Higgins.

En la Región del Maule ya son 13 las comunas de secano con emergencia agrícola. Es ahí donde se concentra la ayuda porque según aclara la seremi Anita Prizant, la última lluvia efectiva -que equivale a un riego- fue en agosto del 2011, a diferencia de otros años que se extienden hasta octubre o noviembre.

"Declaramos zona de emergencia en secano, porque nos hemos dado cuenta de que los cultivos de leguminosas y de trigo no han tenido los rendimientos acostumbrados y se han visto perjudicados los agricultores", dice Anita Prizant.

Aunque los caudales de los ríos Teno, Mataquito y Maule aumentaron el año pasado respecto de la temporada 2010, por precipitaciones y la acumulación de nieve, los volúmenes siguen estando bajos para las necesidades productivas.

La escasez de agua ha producido que, por ejemplo, en la cosecha de trigo del valle central del Maule, se proyecten rendimientos menores entre 10 y 20% y además con granos chupados. También hay temor por la segunda cosecha de frambuesos a fines del verano, donde las altas temperaturas podrían deteriorar la cuaja. Las pasturas en el secano, sobre todo en los lomajes, ya no están creciendo; y aunque por el momento no hay grandes problemas de alimentación, el forraje ha disminuido de forma considerable.

Se prevé además un impacto en peras, manzanas y ciruelas que en este momento están en el árbol, y en el kiwi, por la falta de riego. Las cerezas, ya cosechadas, se deben seguir regando por el crecimiento vegetativo, para no afectar la producción de la próxima temporada.

"El calibre, la calidad pero principalmente el color y forma se verían dañados, porque la estrechez hídrica afecta la morfología. Creo que podemos tener una baja de entre 15 y 20% de lo que embalamos para exportar", explica José Urra, gerente de Fruséptima.

El forraje para los animales es otro de los problemas que afecta a los maulinos. Las praderas tuvieron un bajo crecimiento el año pasado y los rastrojos de cultivos cerealeros, con los que también se alimenta al ganado, tuvieron un rendimiento inferior. Junto con esto, los incendios que arrasaron cerca de nueve mil hectáreas a comienzos de enero, incidieron en que hubiera un incremento en la venta de animales, mayoritariamente ovinos y caprinos en los sectores de secano.

"Todos los años nos vemos enfrentados al mismo problema, pero ésta ha sido más fuerte que las otras temporadas", explica Francisco Ruiz, presidente de la asociación de agricultores de Cauquenes.

Sur, el problema es la temperatura

"Por el momento la gente sigue regando porque los canales tienen agua", dice Jaime Salas, seremi subrogante de la Región del Biobío. Agrega que los afligidos son los productores del secano costero, donde se adelantó la cosecha del trigo.

En la Región del Biobío hay tres fuentes de agua de riego: el lago Laja, y los ríos Duqueco y Biobío; los que están operando bien hasta el momento. Sin embargo, la situación cambia para los agricultores que se abastecen de canales secundarios o arroyos, que según asegura José Miguel Stegmeier, presidente de la Sociedad Agrícola Biobío, ya no tienen agua para regar.

Si bien la cosecha de trigo ya comenzó -con un adelanto de hasta dos semanas-, Stegmeier calcula que tendrá un rendimiento 20% menor en los cultivos de trigo y avena, según las proyecciones esperadas en el sector de secano, pues la falta de agua entre octubre y diciembre habría provocado que los granos no se llenaran adecuadamente y que el secado comenzara antes.

Los agricultores que cuentan con agua, también estarían sintiendo las repercusiones de esta temporada por las altas temperaturas. Muchos privilegiarían el uso del agua para cultivos como maíz y remolacha, por sobre el regadío de las praderas y otros cereales. Y esto, que puede traer un beneficio a corto plazo, puede impactar en la ganadería en los meses de invierno, por la falta de forraje para los animales.

En frutas, las altas temperaturas registradas a fines de la primavera afectaron a los berries. A pesar que todavía no terminan las cosechas, en Organic Fruits Chile, calculan que las pérdidas en la producción, hasta el momento, son cercanas al 30% debido al bajo calibre. "Donde más perdimos fue con las frutillas porque las floraciones no cuajaron por las altas temperaturas", dice Robinson Peña, gerente general de Organic Fruits Chile. Y en el caso de las frambuesas la situación no es diferente. "Tenemos frambuesas desde 1995 y este ha sido el peor año, sin contar las pérdidas por el terremoto".

En La Araucanía, las altas temperaturas de diciembre y enero, que alcanzaron los 38 grados, junto con la falta de lluvias impactaron; eso, a pesar de las precipitaciones que se han registrado en los últimos días. Uno de los afectados es el sector ganadero.

"Lamentablemente la sequía está golpeando muy fuerte al sector productivo lechero, de hecho al mes de enero, en la región cayó 8% la recepción de leche con respecto a este mismo mes el año pasado, lo que demuestra que es un efecto de la sequía. Y la baja de la producción ya está en un 4,7 a nivel país", dice Rodrigo Francois, presidente de Aproleche Araucanía.

Esto ha obligado a los productores a hacer un uso más eficiente del agua y a siembras suplementarias, porque, en buena parte de las lecherías desde hace un par de semanas ya se está consumiendo el forraje conservado para el invierno.

Y la falta de forraje está llevando a que algunas lecherías estén eliminando animales, situación que junto con la baja en la producción de leche puede generar efectos en el invierno, donde la oferta no supla la demanda.

El trigo, la avena y el lupino también se han visto afectados.

"Tenemos pérdidas de hasta 40%, lo que significa los costos de producción" asegura Esteban Díaz, presidente de la Federación de Cooperativas Campesinas que representa a cerca de mil 200 familias.

Díaz dice que ya no se puede hacer más que dimensionar las pérdidas y quienes tengan seguros, intentar que éstos se hagan efectivos.

Sin embargo, el panorama es complicado: "Las compañías dicen que van a responder, pero ahora no hay respuesta a algunos agricultores, porque llovió, pero las lluvias que caen desde este momento en adelante sólo hacen daño, agravan la situación, porque hay molineras que no están recibiendo la avena o el trigo porque tiene humedad", dice Díaz.

La temporada ha sido diferente para la Región de Los Ríos, donde hasta el momento no se han presentado anomalías, salvo casos puntuales en la producción de berries porque las altas temperaturas afectaron en algo los calibres.

"Sólo se han presentado pequeños problemas en frutales menores", dice el seremi subrogante de Los Ríos, José Carter.

En Los Lagos la escasez de lluvias viene desde fines de noviembre y está repercutiendo en la producción de leche y carne.

"Como tuvimos 15 días sin agua en enero, muchos empezaron a liquidar animales y llevarlos a las ferias porque no era rentable seguir con ellos en los predios. Pero llovió y empezó a haber una retención del ganado" dice Rodrigo Mardones, seremi de la Región de Los Lagos.

Como han aumentando las precipitaciones y en consecuencia está mejorando el crecimiento de los pastos, se espera que mejore la situación ganadera.

"Se están entusiasmando en comprar nuevamente ganado, incluso en las ferias. Yo estaría optimista, porque nos acercamos a la época en que llueve con mayor frecuencia", dice Christian Arntz, presidente de la Federación de Productores de Carne.

De los cultivos, fueron las siembras de forraje suplementario las principales afectadas.

"El rendimiento del nabo forrajero, que está destinado a suplir la falta de verde que tenemos durante el verano, disminuyó en un 60% . Además las calidades de trigo han estado bajas", dice José Antonio Alcázar, gerente técnico de la Sociedad Agrícola y Ganadera de Osorno, y agrega que las imágenes satelitales muestran que las praderas han resistido este período de estrés hídrico, pero que ello no significa que estén bien.

"Sin embargo, de seguir el período de sequía, podríamos entrar en una marchitez permanente con pérdida de las plantas y eso es grave", enfatiza.

Pero están optimistas y esperan precipitaciones para que las siembras de fin de verano y principios de otoño puedan germinar. Así los animales podrán tener alimento antes del invierno.

"Viene bajando la temperatura. Pasamos semanas con 25 grados en las máximas, lo que genera mucha pérdida de agua al ambiente. Ahora estamos alrededor de los 20 grados, lo que ayuda a mantener el agua en el suelo. Ha caído agua y las praderas comenzaron a reverdecer", dice Rodrigo Mardones.

Sur austral, Situación variada

En la Región de Aysén las repercusiones de La Niña han sido variadas. Si bien se han registrado zonas que presentan entre un 30 y 40% de déficit hídrico, los productores de esas áreas -Chile Chico con cerezas y Cochrane-, cuentan con riego para sus cultivos, por lo que no se han visto perjudicados.

En las zonas húmedas de la región, principalmente en las comunas de Cisnes y Aysén, se registró un déficit hídrico de un 5%, lo que ha resultado positivo, ya que junto con las temperaturas más elevadas, fomentó un mayor crecimiento de los pastos para el ganado.

"Los animales van a estar en una buena condición corporal cuando bajen de las veranadas.", comenta Raúl Rudolphi, seremi de Aysén.

A pesar de que en la Región de Magallanes el 2011 terminó con un superávit de precipitaciones, la provincia de Ãltima Esperanza tuvo falta de agua en los meses de diciembre y enero, lo que junto con fuertes vientos provocaron una disminución de entre un 30 y 50% de las cosechas de forraje, disminuyendo el alimento para abastecer al ganado en invierno.

Pero no se han detectado hasta el momento efectos en la engorda del ganado bovino.

"Como consecuencia de la sequía tenemos los incendios en el parque Torres del Paine, por pastos muy secos. Pero la región no ha tenido una sequía tan grave como se ha visto en el resto del país y la situación se puede revertir acá, porque ha estado lloviendo en los últimos días", dice Manuel Bitsch, seremi de la Región de Magallanes.
 Â¿Qué dice el Ministro de Agricultura?"La compleja situación muestra el problema de fondo: el atraso de más de 50 años en el desarrollo de infraestructura de acumulación y la ausencia de una política sustentable y de largo plazo. Hoy se utiliza un 16% del agua que escurre por las cuencas, mientras que sólo se regula un 4% a través de embalses. De esta forma, el 84% del recurso hídrico con aptitud de riego se vierte en el mar. Por ello estamos impulsando una fórmula de trabajo y financiamiento público privada, que permita acelerar la construcción de estas obras, que buscan dar seguridad a los productores para mejorar la competitividad agrícola y el desarrollo del país", explica Luis Mayol.

 

 

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